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Aprender a criticar la modaAprender a criticar la modaAprender a criticar la moda

Antes de hacer una crítica en Chile, hay que pedir disculpas. Al menos esa era la impresión que tenía hace un tiempo, cuando esbozaba alguna crítica constructiva sobre la moda nacional. Era en esos momentos que la audiencia se dividía entre los detractores –descalificando anónimamente, of corse- , los voyeristas sedientos de sangre y quienes aportaban a los reflexión. Sin embargo, ahora siento que el circo romano ha evolucionado.

Por un lado, la audiencia –particularmente los diseñadores interpelados- está más proclive a escuchar opiniones que se escapen de la norma o lo políticamente correcto. Además han entendido que sin una conversación profunda de la moda, no se puede avanzar, ni menos crear industria.

Pero no sólo ellos han comenzado a agradecer la sinceridad, yo también he aprendido en el proceso, que incluso me significó alguna vez –a causa de terceros- estar en el ojo del huracán y de las amenazas. Ese episodio, me ayudó a comprender que la crítica de moda o de las industrias creativas, se debe hacer con un cuidado especial del lenguaje y tratando de aguzar el ojo en lo técnico, más que en lo ornamental.

Para ello, sinceré mis propias inquietudes, intenté mejorar mi lenguaje técnico –siempre me he planteado desde la vereda de la observación y no la expertise-, y comencé a desarrollar un análisis con mayor altura de miras, huyendo del foco de la polémica o el rating.

Obvio que en ese tránsito, por muy sincero que sea de mi parte, siempre están los “encapuchados de la moda”, que tras un anónimo son capaces de tirar piedras y esconder la mano. Intentando desacreditar la reflexión amparados en la oscuridad. Frente a ellos, he decidido guardar la calma, sin ser cínica. Creo que sin firma, la opinión pierde fuerza y se transforma en un cobarde bullying virtual entre las sombras.

Pero más allá de esos fantasmas sin nombre, me he dado cuenta que la moda de autor chilena, es decir, todos quienes participan de ella, quieren que se les digan las cosas de frente. No por un afán masoquista, sino porque están ansiosos por crecer, mejorar y salir al mundo.

No se trata de criticar por criticar, sino de buscar la manera de contribuir, romper los viejos paradigmas y comenzar a construir desde el diálogo. Creo que ese simple ejercicio se constituye un desafío país, no sólo en el ámbito de la moda, sino en todas las áreas en las que Chile quiere ser de “clase mundial”.

¿Desde donde estamos contribuyendo a la construcción del relato de la moda chilena? ¿Nos atrevemos a criticar dando la cara o preferimos el pasamontañas?

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